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Folclore de Salamanca





Diario El Mundo
Sábado, 3 de agosto de 2002

OBITUARIO. ANGEL CARRIL RAMOS EXPERTO EN CULTURA SEFARDí

ISIDRO CATELA

Para empezar a cantar/señores licencia pido/ no digan a la mañana:/ ¿quién ha sido el atrevido? Las coplillas populares despertaban en su voz y su música

Para empezar a cantar/señores licencia pido/ no digan a la mañana:/ ¿quién ha sido el atrevido? Las coplillas populares despertaban en su voz y su música. Se levantaba cada día para ver amanecer.Ahí comenzaba a escudriñar los entresijos de los rituales humanos, de la tradición y a descubrir una nueva vida entre las gentes que plasmaba con detalle en una ficha, en una diapositiva o en una cinta de vídeo. Angel Carril era etnógrafo, vivía para aprender y aprendía amando la cultura tradicional, su folclor -siempre escrito con «c» castellana- repartido por tierras y campos.

Carril estaba reconocido como uno de los mayores especialistas del país en lo que a cultura sefardí se refiere. Lo sabía casi todo sobre los judíos originarios de España, desde sus costumbres culinarias hasta los retazos de la memoria prendida en unas cuantas canciones.

Este salmantino creía en la tradición como hilo conductor que da sentido a nuestras vidas y las lleva más allá de una frontera o de una línea marcada en un mapa. Por eso le apasionaba la historia errante de nuestros judíos, que sabedores de su suerte habían aprendido a anclar su historia en un rico acervo cultural para que nadie se la pudiera arrebatar nunca. Buena muestra de todo ello son las diferentes monografías que tenía publicadas sobre el tema o los discos que había grabado con las canciones tradicionales de los sefardíes, entre los que destacan: Kerensya Sefaradim (1990), La España de las tres culturas (1992), La herencia judía de España (1992), Trezoro sefardita (1992) y Tu palabra, la mía (1999).

Su muerte ha partido en dos la capitalidad salmantina de la cultura.Angel Carril murió el pasado 31 de julio en el Hospital Clínico, tras sufrir un shock séptico que obligó a los médicos a intervenirle de urgencia sin poder evitar su fallecimiento.

Tenía 47 años y había dedicado los últimos 23 a dirigir el Centro de Cultura Tradicional de Salamanca, vinculado a la Diputación Provincial. Le dio vida y lo ubicó en un lugar excepcional, la Torre del Clavero, uno de los grandes monumentos de la ciudad charra. Allí fue colocando cientos de encuestas repartidas por campos temáticos, más de 13.000 diapositivas, materiales de archivo, grabaciones y una biblioteca ejemplar.

Otra de las múltiples pasiones de Angel Carril fue la radio.Tuvo su propio programa en Radio Popular de Salamanca, donde puso música y letra a un programa llamado De generación en generación, título que utilizó para uno de sus discos.

Licenciado en Geografía e Historia y diplomado en Arte por la Universidad de Salamanca, llegó al mundo de la etnografía hace más de 25 años de la mano de su maestro Joaquín Díaz. Desde entonces escribió cerca de 30 libros sobre el tema y publicó más de una docena de discos de música tradicional, además de recibir numerosas distinciones y premios nacionales e internacionales.

Su casa era una mezcla de tradición y modernidad, repleta de libros sin sitio ya para cobijarse. Odiaba la informática. En su disco duro quedan tres proyectos sin cerrar: uno sobre la indumentaria de Salamanca, otro sobre la alimentación y gastronomía y una antología de la música tradicional salmantina.

Angel Carril Ramos, etnólogo y experto en cultura sefardí, nació en 1955 en Salamanca, ciudad donde falleció el 31 de julio de 2002.


La Gaceta de Salamanca
Jueves 1 de agosto de 2002

José Á. MONTERO
Salamanca pierde a "su" etnógrafo

E L mundo del folclore está de luto. Y es que se nos ha ido uno de los máximos exponentes de la cultura tradicional y de la investigación etnográfica. Y se ha ido en la flor de la vida, cuando más empezaba a disfrutar de sus trabajos, de sus investigaciones y de sus éxitos. Sí, también de sus éxitos, pues éstos le han acompañado en su caminar diario. Y se ha marchado de puntillas, sin hacer ruido, tal y como le gustaba caminar por la vida. Y es que a pesar del cargo de responsabilidad que ocupaba desde hace ya veinte años -director del Centro de Cultura Tradicional de la Diputación- y de los múltiples y prestigiosos premios recibidos, Ángel Carril nunca perdió su condición de "currito" ni su faceta de obrero de campo. Y como obrero fiel que era, se nos ha ido a pie mismo de obra y con un sinfín de proyectos pendientes. Los que le conocían -incluso aquellos que le tuvieron como "jefe"- hablan de él como un profesional íntegro, exigente y muy perfeccionista. Y no se equivocan. Los que le conocimos desde hace más de diez años podemos dar fe de todo ello y afirmar sin temor al equívoco que con Ángel Carril se ha marchado una parte viva de la tradición de esta provincia, de su pasado, de su folclore, de su esencia... Y lo que es más grave: Muchas serán irrecuperables, han muerto con él. Y aquí no valen partidismos ni colores políticos. Por encima de todo está el profesional. Y Ángel Carril no ofrece dudas. Salamanca llora su muerte.


Tribuna
Jueves 1 de agosto de 2002

A ANGEL CARRIL

Marifé Martín

Me siento ante el teclado de mi ordenador, no para describir un ofertorio serrano, como hago normalmente, a estas alturas del verano, despido a un hombre excepcional, íntegro, responsable, respetuoso y sensible, y para mí, un amigo. Era una niña que peinaba coletas, cuando al patio de mi colegio llegó un hombre joven con extraños instrumentos para dar un recital, era Ángel Carril. Conocerlo despertó en mí una gran curiosidad por las tradiciones, tanto que hace tres años me puse frente a un tribunal del que él formaba parte, para una plaza que se convocaba en el Centro de Cultura Tradicional, fue ese día al finalizar el examen cuando comprendí que haberle conocido en mi niñez, me había llevado hasta allí. Quería, y quiero formar parte de quienes trabajan por conservar nuestra cultura tradicional, y para mí como para muchas personas, que han sabido apreciar tu trabajo, se nos hará muy difícil seguir en este camino que tú iniciaste hace muchos años. No hablábamos mucho, pero siempre pude llamar a la puerta de tu despacho y ser atendida al instante. Bastó una larga conversación para confirmarme lo que yo ya sabía, me impresionaste con tu sensibilidad. La entereza que mostraste ante el cúmulo de problemas, que cargabas, y la resignación, al sentirte defraudado por personas muy cercanas, son signos de tu gran caballerosidad. Quienes hemos trabajado contigo, y el Centro que has dirigido durante veinticinco años, nos enfrentamos a partir de hoy a un futuro poco cierto, posiblemente tu marcha ayudará a que el ‘cierre’ de esta institución sea más cercano, pero, no creas que te olvidaremos, somos muchos los salmantinos que allí aprendimos a bailar, bordar, a tocar la gaita y el tamboril, a domar mimbres, a cocinar, a cantar... Les dejas el camino a quienes querían hacer de ese Centro, algo más dinámico, pero también has puesto el listón muy alto. Y desde allí, desde lo alto, verás cómo van las cosas aquí abajo, y estoy segura de que seguirás velando por todo lo que has trabajado. Nos dejas, pero todos sabemos a la gran persona, primero, y al gran profesional después, que hemos perdido. Ahora que no volveré a verte, me despido de ti, con la seguridad de que allá donde vayas seguirás velando por las tradiciones. Serás ejemplo y referencia para muchos. No quiero decirte adiós, sino hasta siempre Ángel.



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